En este comentario, haremos hincapié en dos ideas-semilla del Cuarto camino, y por ende de la psicología transpersonal, a saber:

  • que nuestro Ser atrae nuestra vida
  • que no nos conocemos a nosotros mismos.

La carencia de conocimiento de sí es la regla en la existencia humana y contribuye en mucho al inútil sufrimiento del Hombre. Porque la energía humana que se gasta en sufrimiento inútil, cuando se la ve en una visión, es increíble y terrible. ¿Ha notado usted, de paso, cuánta energía derrocha realmente en sufrimiento inútil? Tal vez haya pasado la mañana sintiéndose desdichado, o de mal humor, o lleno de auto-compasión- Pues bien, ese es sufrimiento inútil. Hemos de sacrificar nuestro sufrimiento, es decir prescindir del sufrimiento inútil, quitarlo de nuestras vidas como quien quita una maleza de su jardín —esta es una idea presenta también en el budismo, además del cuarto camino y también de la psicología de Jung-. ¿Pero acaso lo sacrificamos? Claro que no. En principio porque no se nos enseña a hacerlo. De hecho desde pequeños muchas veces imitamos emociones negativas de quienes nos rodean creándonos este tipo de sufrimiento inútil a la larga. Dice Gurdjieff que si pudiéramos tocar nuestra vida objetivamente mediante el verdadero auto-conocimiento, no tendríamos ni podríamos tener sentimientos inútiles de esa clase.

Retomaremos ahora a las dos cosas que mencioné —a saber—, que nuestro Ser atrae nuestra vida y no nos conocemos a nosotros mismos. —¿Qué es lo que impide que esto suceda así? Las respuestas son sencillas. Las ilusiones lo impiden. En el primer caso, no somos culpables de nada de lo que nos sucede en el sentido ordinario. Es siempre la culpa del otro. Es así como lo creemos mecánicamente. Por eso no podemos ver que la culpa es verdaderamente nuestra. Por lo tanto no deseamos cambiar nuestro Ser ni vemos conexión alguna entre esto y lo que nos sucede en la vida. De hecho, me imagino que en realidad no captamos tener un Ser de una forma particular. En el segundo caso, desde luego nos conocemos a nosotros mismos. ¡Qué tontería decir que no me conozco a mí mismo. ¿Quién podría conocerme mejor que yo mismo? Esto es de nuevo pura ilusión. Hay maneras de librarse de esto, y siempre las hubo, en todas las épocas. Porque la enseñanza esotérica se refiere a salir de ello.



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